83D830C11B38492684DF685287C537D7Sinopsis. Además de ser el gran poema del siglo XX, La tierra baldía es una obra esencial para entender nuestro tiempo. Con una dicción y unas imágenes rompedoras, T. S. Eliot sabe cantar la devastación de la primera guerra mundial, la adecuación del hombre a la ciudad como nuevo y definitivo exilio de la naturaleza, el deseo difícil entre mujeres y hombres, y convocar a la vez las voces del pasado literario de Occidente. Pero más allá del virtuosismo técnico y de la intensidad estética que el poema desata, en estos versos emociona sobre todo la desnuda humanidad que estalla en silencio. Editado, prologado y traducido por Andreu Jaume, que también nos da su versión de Prufrock, el primer poemario de Eliot y referente indispensable para entender el resto de su poesía, este libro viene a recordarnos, cuando se cumplen cincuenta años de su muerte, la vigencia, la ambición y el ejemplo de un poeta, un crítico y un editor que consiguió crear una nueva visión del mundo contemporáneo.

La tierra baldía. Prufrock y otras observaciones. T. S. Eliot (ed. y trad. de Andreu Jaume)

Lumen | 2ª edición | febrero 2015 | cartoné con sobrecubierta | 148 pp.
ISBN: 9788426401564


James Joyce y T. S. Eliot, quienes se conocieron y se influenciaron mutuamente, dieron a su vez, y en sus respectivos campos, unas obras consideradas como canónicas en la literatura del siglo XX. El Ulises de Joyce y La tierra baldía de Eliot son para muchos —y por no decir sin discusión— cimas de la prosa y la poesía, respectivamente, de ese siglo, y la influencia que han ejercido sobre toda la literatura posterior es imposible de cuantificar.

La tierra baldía comparte con el Ulises un portentoso uso de la tradición, entremezclando referencias intertextuales con un complejo desarrollo interpretativo, y como el Ulises, es una lectura difícil de abordar. Pero eso no debería de desalentar al lector: enfrascarse en este poema supone un grato ejercicio de placer tan estético como intelectual, y fácil será quedarse admirado ante el poderoso torrente poético y figurativo que se despliegan a lo largo de sus 434 versos. Aunque  para el lector de poesía más versado, teniendo en cuenta la condición de clásico que atesora La tierra baldía, cualquier recomendación es superflua. ¿Quién no conoce aquel primer verso, tantas veces repetido después de Eliot?

April is the cruellest month…

[Abril es el más cruel de los meses…]

Indiscutida, por tanto, la relevancia y calidad de esta obra, sobre lo que quiero llamar la atención es sobre lo que ofrece la presente edición, a cargo de Andreu Jaume y la editorial Lumen. El que quiera abordar a Eliot desde aquí, no será defraudado. El libro está bellamente editado, y tiene varios elementos que aportan un valor añadido: a La tierra baldía le antecede una colección primeriza de poemas, Prufrock, que lo iluminan y clarifican, pues se aprecia el ejercicio iniciático que tendría que reflejarse en La tierra baldía; la introducción de Andreu Jaume contextualiza con precisión el poema; y a los textos acompañan unas notas —situadas al final, de modo que no entorpezcan la lectura— que facilitan al lector el rastreo del ingente arsenal de citas y referencias que se desprenden de los versos.

Hay que apuntar que el libro es una edición bilingüe: el que se maneje en inglés podrá acceder al poema original, mientras el que no —o que requiera de una ayuda suplementaria— tiene a su disposición una traducción modélica, que mantiene un buen equilibrio entre la traducción más literal y las licencias permitidas para conservar la particular prosodia del poema original. En algunos casos, además, Andreu Jaume justifica algún pasaje de conflictiva traducción en las notas.

No quería cerrar esta reseña sin ofrecer una muestra de esta poesía temprana recogida en Prufrock, menos conocida, pues con ella, y con la pertinente traducción de Andreu Jaume, creo que se observa a la perfección el cuidado y el buen trabajo de esta edición: he aquí el poema «Aunt Helen» [«La tía Helen»]

Miss Helen Slingsby was my maiden aunt,
And lived in a small house near a fashionable square
Cared for by servants to the number of four.
Now when she died there was silence in heaven
And silence at her end of the street.
The shutters were drawn and the undertaker wiped his feet —
He was aware that this sort of thing had occurred before.
The dogs were handsomely provided for,
But shortly afterwards the parrot died too.
The Dresden clock continued ticking on the mantelpiece,
And the footman sat upon the dining-table
Holding the second housemaid on his knees —
Who had always been so careful while her mistress lived.

[Miss Helen Slingsby era una tía mía soltera
y vivía en una pequeña casa cerca de una elegante plaza
cuidada por un servicio de cuatro personas.
Cuando ella murió, se hizo silencio en el cielo
y silencio al final de su calle.
Se echaron las persianas y el enterrador se lustró los pies,
sabiendo que esas cosas pasaban.
Los perros fueron atendidos con mimo
pero poco después el loro también murió.
El reloj de Dresde siguió sonando en la repisa
y el criado se sentó encima de la mesa del comedor
con la segunda doncella en las rodillas,
tan prudente siempre mientras su señora vivió.]


Una reseña abreviada de este libro se publicó como opinión quelibroleo

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