Musashi

Sinopsis. Con estos tres volúmenes se completa la epopeya de Musashi, cuya vida y hechos sedujeron el imaginario mítico japonés como quizás ninguna otra figura lo logró jamás. En Miyamoto Musashi (1584-1645) la vida se reviste de un luminoso halo de leyenda que se superpone a su historia real y sería, por su importancia, el equivalente nipón al Cid Campeador en España. Escrita por Eiji Yoshikawa por entregas entre 1935 y 1939, Musashi es una obra fundamental para conocer la historia del que fuera el samurai más famoso del Japón, siendo tal su importancia que la obra goza de una pupularidad e influencia que siguen acrecentándose a medida que pasan los años. Pero Musashi es además una novela en la mejor tradición de la narrativa japonesa. Un relato vivo, sutil e imaginativo, rebosante de personajes memorables y que pinta vívidamente un mundo que los occidentales sólo conocemos de un modo vago. El atractivo de la novela, universal, la convierte en un clásico inolvidable con la cual adentrarnos en el pintoresco y atractivo mundo del Japón feudal.

Musashi. Eiji Yoshikawa (trad. de Jordi Fibla)

Quaterni | marzo 2009 | rústica con solapas | 464 pp.
ISBN: 9788493700911 (vol I: La leyenda del samurai)

Quaterni | septiembre 2009 | rústica con solapas | 464 pp.
ISBN: 97884937009 (vol II: El camino de la espada)

Quaterni | marzo 2011 | rústica con solapas | 320 pp.
ISBN: 9788493700980 (vol. III: La luz perfecta)


Taiko

Sinopsis. Basada en la vida real de Toyotomi Hideyoshi (1537-1598), figura clave en la historia japonesa, Taiko introduce al lector en un apasionante viaje por el Japón feudal, sumergiéndolo en un trepidante desfile de hazañas épicas, batallas y expediciones militares. Se ambienta a finales del siglo XVI, el de los últimos años del Sengoku, una época de cruentas y largas guerras civiles, y describe un tiempo decisivo, en el cual se pacificó Japón. Una hazaña llevada a cabo por los tres grandes daimyos o señores feudales, conocidos como los unificadores del país. El carismático pero brutal Nobunaga, el astuto e inteligente Hideyoshi y el paciente y maduro Tokugawa.

Taiko. Eiji Yoshikawa (trad. de Jordi Fibla)

Quaterni | septiembre 2011 | rústica con solapas | 600 pp.
ISBN: 9788493777043 (vol I: El hábil Cara de Mono)

Quaterni | octubre 2011 | rústica con solapas | 416 pp.
ISBN: 9788493777050 (vol. II: Hideyoshi en el poder)


Antes de hablar de estas dos grandes obras del japonés Eiji Yoshikawa (1892-1962), tengo que hacer una advertencia a quien entre a leer estas letras: no soy del todo imparcial al enjuiciarlas. Si adquirís cualquiera de los volúmenes de Musashi o de Taiko, y abrís por la página de créditos, allí encontraréis mi nombre: es un proyecto editorial en el que he tenido parte. No es, de todos modos, la parcialidad pecuniaria —¡ah, el vil metal!— la que os debe preocupar, pues aquel trabajo ya se cobró, y más allá de los buenos deseos hacia la buena gente de Quaterni —con quienes sigo manteniendo una excelente relación personal— el mayor o menor éxito de estas sagas no va a añadir ni sustraer un garbanzo de la olla que me alimenta. Pero sí hay una gran parcialidad emocional, producto de las horas pasadas ante Yoshikawa, puliendo y corrigiendo los textos para prepararlos a su salida pública. Si ya antes de su publicación por Quaterni adoraba Musashi, ahora el cariño que le tengo se le ha engrandecido, y a él se le ha sumado Taiko.

Pero yendo al meollo, y a lo que nos interesa: ¿qué son MusashiTaiko? Dos trepidantes y largas —larguísimas— novelas históricas, tan vibrantes como un ramo de cerezo que deja caer sus flores al compás del viento. Antes de que me disparéis por cursi y petulante, me explico: hay movimiento, hay delicadeza, hay perfumes, hay grandeza, hay belleza, hay melancolía, hay pasiones, hay arrebatos… y hay exotismo y naturaleza oriental a raudales. Como la flor del cerezo, cuya floración reúne casi a tantos japoneses en los parques como Benidorm a pollos tostándose en el periodo estival (pero con un poco más de dignidad los primeros).

Tanto la figura de Musashi como la de Toyotomi Hideyoshi son ya relativamente conocidas por estos lares, gracias al renovado interés que la cultura japonesa ha experimentado en Occidente. Musashi, en concreto, se ha venido exportando desde objetos culturales tan variados como el cine —destaca sobre todo trilogía que sobre él dirigió Hiroshi Inagaki, pero no es la única incursión del género—, el manga —el magnífico Vagabond de Takehiko Inoue— o los videojuegos, hasta el punto de que es una figura ya tan familiar como mítica. Hideyoshi, por su parte, es junto con Oda Nobunaga e Ieyasu Tokugawa parte del trío capital que reunificó Japón en el siglo XVI, el periodo quizás más interesante y que más atención ha suscitado de la historia japonesa, salvando el desgraciado recuerdo de Hiroshima y Nagasaki. Son, por tanto, parte esencial de ese Japón que tan atractivo se nos hace últimamente. Y —en el caso de Musashi sobre todo— son fuente fundamental, porque casi todo el resto de obras culturales derivadas —sean del sesgo que sean— beben de Eiji Yoshikawa, de una manera u otra.

La temática, a poco que interese el periodo y los personajes heroicos del país del sol naciente, es innegablemente seductora, como puede observarse. Queda solventar la duda sobre el arte narrativo de Yoshikawa, puesto que cada una de las sagas acumulan más de mil páginas: ¿merece la pena embarcarse en su lectura? Mi respuesta es que sí a Musashi, y sí a Taiko. Pero conviene que matice algunas particularidades, para que el lector sepa mejor a qué atañerse, sí a una u otra, o ambas, o por cual empezar.

No hay mucho engaño entre lo que se publicita y lo que se ofrece: narrativa histórica en el mejor sentido, ambientada en el Japón feudal de los daimyos —los señores—, los samurais, los asaltantes de caminos, las geishas, etcétera. Abundan los enfrentamientos, las descripciones de batallas, de intrigas palaciegas, la delicadeza del amor al estilo japonés, la descripción de las costumbres particulares, como la tan reputada ceremonia del té, y una geografía exótica. Que su autor sea japonés, aunque no contemporáneo a los hechos narrados —es un escritor relativamente moderno sobre una época ya algo más brumosa—, permite cierta fidelidad y garantía de encontrarnos ante algo genuino, algo que no sucede, por ejemplo, en Shogun de James Clavell, aun con sus innegables aciertos a la vista.

También el ritmo, pese a la gran carga de páginas, raya a un gran nivel. No hay que olvidar el origen folletinesco de estas narraciones: al igual que sucedía con nuestros escritores occidentales del XIX, con este tipo de publicación se exigía mantener una atención constante del lector entre una y otra entrega, por lo cual el  desarrollo de la trama favorece la impaciencia y el afán por conocer el siguiente capítulo. A ello se le suma el estilo directo y ligero del autor, que aún prolijo en descripciones —algo que se agradece en el exotismo de la ambientación— mantiene la narración en constante suspense e interés, sin esos rellenos, tan desgraciadamente abundantes en cierto tipo de novelas, en los que no pasa nada. La inmersión en la historia, en este sentido, es total, y la extensión de estos libros no fatiga al lector.

MushashiTaiko, sin embargo y a pesar de estas similitudes narrativas apuntadas, mantienen sendas personalidades y características propias. Las exigen los propios temas centrales desarrollados: Musashi se centra en un personaje que busca el éxito en su propio camino, el del guerrero, el bushido, y su protagonismo es absoluto. Taiko, por el contrario, sigue a Hideyoshi, cuyo afán es el dominio sobre el régimen feudal de su tiempo, y traza un detallado dibujo de las intrigas tanto bélicas como cortesanas que se desarrollan en su camino a lo más alto. Predomina lo individual, por tanto, en el primero, mientras que lo colectivo se impone en el segundo. Esto afecta al modo narrativo: en Musashi adquieren relevancia los pasajes pequeños, la intimidad, los lances parciales, el apego a las clases sociales humildes; Taiko es grandilocuencia, relaciones de poder, grandes batallas, cortes suntuosas.

Quizás, y por ese mapa de mandos y dominio que despliega Taiko, con la amplia enumeración de daymios, generales y cortesanos, se hace algo más difícil de seguir ante la profusión de nombres propios y de topónimos. Musashi, más recogido, permite una identificación algo más directa del lector con su personaje principal. Pero, aun así, mi recomendación más viva es para Taiko: es una obra más tardía, y se nota en la mayor madurez de Yoshikawa al momento de escribirla. Hay algo más de literatura allí, y los trazos que conforman la psicología de su protagonista, Hideyoshi, son tan magistrales como fascinantes.

Puede que mi relación con MusashiTaiko, por mi historia, se haya hecho más emocional, más personal, y pierda algo de objetividad por el camino. Pero confío en que no. Y confío en que si alguien se aproxima a Yoshikawa, convencido por mis palabras, disfrute de él tanto como yo lo hice.

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