Novela de ajedrez - Stefan ZweigSinopsis. Sin capacidad para cualquier otra actividad intelectual, Mirko Czentovicz se reveló, ya desde niño, como un genio del ajedrez, del que ha llegado a ser campeón del mundo. Pero, en un viaje en barco de Nueva York a Buenos Aires, se le presenta un enigmático contrincante: el señor B., noble vienés que huye de los nazis. Uno de los pasajeros del vapor se acerca a los dos personajes acompañando al lector a la confrontación entre los dos jugadores. Si Novela de ajedrez nos presenta el choque de dos naturalezas antagónicas, nos muestra también, y en buena medida, la capacidad de resistencia del ser humano sometido a una presión extraordinaria. Y todo ello con unas grandes dosis de intriga y maestría.

Novela de ajedrez. Stefan Zweig (trad. de Manuel Lobo)

Acantilado | septiembre 2013 | rústica con solapas | 96 pp.
ISBN: 9788495359452


Hay un género que me es especialmente grato: la nouvelle. Es decir, aquel texto de extensión algo grande como para ser un cuento o relato, pero que se queda algo corto a la hora de catalogarlo como novela, un tamaño perfecto para degustarlo de una sentada. Quitando una buena sesión de amor y sexo, o aquellos ratos de jovial camadería entre amigos, no concibo una tarde más grata que la que se ventila a la dicha de una buena butaca con el libro entre las manos, donde las horas no dejan constancia de su paso entre la primera y la última página. Si además es en la terraza, a descubierto pero al socaire y a la sombra, con tiempo agradable y con mis perros haciéndome compañía tranquilos, las endorfinas se disparan. Y es que la felicidad —o al menos esa felicidad puntual, momentánea, que te despoja de toda preocupación— no queda tan lejos.

Sí hay una condición esencial: que autor y libro sean buenos. Magníficos, si puede ser. Que la lectura —tanto aquella intensa, como la que es algo más grácil— deje ese poso de bienestar estético que nos ofrecen las grandes obras. Llegados a este punto, ya es fácil intuir que Zweig y Novela de ajedrez cumplen esas premisas. Novela de ajedrez es tan honda como agradable, tan gratificante como aprovechable.

La sinopsis de esta nouvelle anticipa bien la trama que se despliega en su contenido casi centenar de páginas: un duelo ajedrecístico en un escenario tan improvisado y circunstancial como es una travesía marítima. El ajedrez es aquí el vehículo para desarrollar un argumento sencillo en apariencia, pero que nos descubre muchos más matices de lo que su reducida extensión podría hacernos sospechar: la contraposición de dos personalidades, escenificadas en Mirko Czentovic, huérfano, quien ha logrado erigirse como campeón mundial de ajedrez a pesar de una consciente desidia intelectual y social que ha reducido todo su mundo al tablero de cuadrados blancos y negros, y en el señor B., un misterioso y esquivo vienés que es capaz de enfrentarse con garantías, para sorpresa de todos, a Czentovic. Digo, y recalco, que el ajedrez es el vehículo que presenta y articula las motivaciones, tanto superficiales como profundas, de estos dos protagonistas. El señor B. aún tendrá mucho más que mostrar: un pasado traumático, víctima del nazismo, y una aproximación al ajedrez desde la tortura, desde un terreno que linda con la enajenación y la insania mentales.

La maestría y sutileza con la que se dibujan y contraponen ambas personalidades es tan sugerente como magistral. Zweig hace uso para ello de un narrador testigo que cede todo su enfoque a ambos contendientes, no pasando de ser, como personaje, más que un catalizador del enfrentamiento entre el huraño campeón y el amable pero singular vienés. Es precisamente su punto de vista, ajeno, y que solo tiene acceso al trasfondo de los dos por lo que es de dominio común —caso de Czentovic— o por lo que las conversaciones permiten mostrar —el señor B.—, lo que mantiene el halo de misterio que les envuelve y lo que nos permite extender cierta mistificación sobre ellos; como sucede siempre que contemplamos algo que nos admira desde la distancia. Y son ellos, bien marcada la fascinación que ejercen, los que acarrean el peso la historia, enfrentados en aquello que es lo único que mantienen un común: el ajedrez. Su relación con el juego y cómo lo abordan —uno necesita de la contemplación física de los 64 cuadrados, otro construye la partida en la imaginación— no deja de ser, en última instancia, su relación con la vida. Una relación, como la capacidad de ambos, excepcional.

Pero queda un meollo de especial importancia: junto a la contemplación apabullante de esos dos improbables contrincantes, se desliza la crítica a la represión nazi en Austria, tema caro a Zweig por lo que le atañe en lo personal y biográfico. En el señor B. se plasman los fantasmas de su propia experiencia vital. No quiero mostrar mucho más sobre la enigmática naturaleza de este personaje, pues su historia, narrada en retrospectiva y a partir de lo que el narrador va descubriendo e intuyendo, es un profundo retrato psicológico que tendrá su desarrollo en el curso de la partida, cuando los viejos cadáveres que atemorizaron el pasado del vienés vuelven a la palestra.

No está nada mal para la corta extensión que tiene Novela de ajedrez. El lector puede estar seguro que el paladeo de sus páginas, como con las buenas obras artísticas, se alargará más allá del cierre del volumen: alimenta al alma.

Quiero concluir con unos apuntes sobre la edición. Es impecable, y no tengo absolutamente nada que reprochar. Acantilado ha hecho el esfuerzo de ir publicando casi toda la obra de Zweig —algo que, dada la popularidad y prestigio del austríaco, también tendrá que dar sus réditos económicos—, y lo hace con un gran respeto a su obra y al lector. Aunque se podría recoger Novela de ajedrez con otras narraciones cortas en un volumen accesible,* su edición particularizada es todo un acierto: realza su singularidad y la destaca, esquivando el inevitable ensombrecimiento que las antologías provocan en sus objetos individuales. Aunque, como enamorado de las ediciones ilustradas, no puedo evitar sentir cierta envidia ante alguna edición en alemán de Novela de ajedrez (Schachnovelle), como la de Elke Rehder, que realza y embellece esta pequeña maravilla.

Si alguien no disfruta de esta deliciosa obrita de Zweig, contádmelo. Me será tan raro saber de ello como de un niño al que no le gusten los macarrones.


* Al filo de publicar esta entrada, una pequeña sospecha me ha hecho cambiar de pestaña en el navegador e indagar un poco: resulta que este volumen recopilatorio sí existe.

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