cisnes_FINAL_trazadoSinopsis. Durante la temporada 2002-03, el Swansea era el colista del fútbol inglés. Es decir, ocupaba el último puesto de las cuatro categorías profesionales. La situación financiera también era desesperada y el club se encontraba contra las cuerdas. Pero tras una épica salvación en la última jornada, el equipo empezó a crecer con su apuesta por un juego de toque y posesión y de la mano de una creciente influencia de sus jugadores españoles. «Aunque el fútbol sea una industria de resultados, no creo que el estilo de juego sea algo irrelevante», escribe Roberto Martínez, el gran ideólogo del cambio, en el prólogo de este libro.

El comienzo no fue sencillo. Guillermo Bauzá, otro de los españoles que vistieron la camiseta del Swansea, recuerda que los aficionados no sabían cuándo tenían que animar: «Cuando ven un fútbol típicamente inglés, saben lo que tienen que hacer». Pero con tantos pases se encontraban desorientados.

La afición del equipo también tiene mucho protagonismo en esta historia. Dieron un grandísimo ejemplo de obstinación al arrebatar el equipo de las manos de un magnate que solo buscaba el máximo beneficio posible. Hasta la fecha, el Swansea es un ejemplo de club bien gestionado, con buena sintonía entre aficionados, jugadores y directivos. Entre todos sacaron a este equipo galés de las catacumbas del fútbol inglés hasta coronarse en Wembley con la conquista de la Copa de la Liga en el año 2013.

Este libro incluye un prólogo de Roberto Martínez y el diario que escribió Ángel Rangel durante su primer año en la Premier League.

Los cisnes. Pablo Gómez (pról. de Roberto Martínez, textos de Ángel Rangel)

Libros del K.O. | julio 2013 | rústica con solapas | 423 pp.
ISBN: 9788494124570


El milagro de Castel di Sangro - Joe McGinnissSinopsis. Durante el Mundial de fútbol de 1994 celebrado en EE. UU., en Joe McGinniss, contraviniendo la histórica desidia norteamericana hacia el fútbol, nació una pasión que cambiaría su vida. Descubrió las emociones exacerbadas que mueve este deporte, descubrió el «calcio» italiano y sucumbió ante la clase y el estilo de Roberto Baggio, que brilló y fracasó en aquel Mundial a partes iguales.

Poco después, siendo ya un converso al balompié en toda regla, supo de la gesta de un pequeño equipo de una población de apenas cinco mil habitantes perdida en medio de los agrestes Abruzos italianos. El Castel di Sangro Calcio hizo realidad una proeza inaudita: pasó en pocos años de las profundidades de la liga amateur —Campionato Promozione, Terza Categoria— a la Serie B de la liga profesional (el equivalente a la Segunda División española). El coraje, talento y arrojo de un equipo de jóvenes liderados por el aguerrido y brutal Osvaldo Jaconi logró un hito que pasaría a los anales de la historia del fútbol.

McGinniss quiso inmortalizar aquella increíble hazaña y se trasladó al pequeño y gélido pueblo para dar cuenta de la gloriosa temporada 1996-1997 del Castel di Sangro, que tendría que enfrentarse a algunos de los mejores combinados del fútbol italiano.

El milagro de Castel di Sangro es el retrato de esa temporada épica, y es probablemente uno de los libros que mejor ha capturado la pasión del fútbol. A partir de un retrato casi felliniano de los personajes —los jugadores, el entrenador, los habitantes del pueblo, la oscura organización que controla el equipo, con actividades paralelas propias de la mafia—, McGinniss construye un fresco coral memorable, teñido de alegría, desolación, misterio, crimen, muerte y todo el drama que destila el fútbol en estado puro.

El milagro de Castel di Sangro. Joe McGinniss (trad. de Gabriel Cereceda y Begoña Martínez)

Contra | octubre 2014 | rústica con solapas | 505 pp.
ISBN: 9788494216763


Antaño, muy muy antaño, la aburrida monotonía de las pequeñas poblaciones se veía felizmente alterada cuando algún viajero, con dotes de juglar, llegaba en peregrinaje. Se congregaban los vecinos, y a cambio de la hospitalidad y de lo necesario para subsistir y continuar con su nomadismo, el viajero contaba y cantaba las gestas de los grandes héroes. Todos escuchaban embelesados las aventuras de Siegfried o del Cid. Hoy, en tiempos más prosaicos, este lugar ha sido ocupado por el deporte. Son los héroes modernos, los que llevan a cabo aquellas proezas —casi imposibles— que al común les están vedadas. Nada más humano, ni más repetido desde los albores de la civilización, que ensoñarnos con las gestas de gente casi mítica. O incluso deificada, ¿verdad, Maradona?

Pero hay un tipo de gesta, particular, que también ha atrapado la atención y el entusiasmo de todos: la de David, quien armado apenas con una honda fue capaz de tumbar al gigante, al temible Goliath. El triunfo del pequeño, del humilde, del que tiene todo en contra para alcanzar el éxito. ¿Qué puede haber más inspirador? Todo verdadero aficionado al deporte tiene señalada, entre las mejores películas jamás dedicadas a él, Hoosiers (David Anspaugh, 1986), donde Gene Hackman, en el papel del entrenador del equipo de baloncesto del instituto de un perdido pueblo americano, llevó a sus chicos a unas alturas improbables. Es un tema recurrente. También Brad Pitt se disfrazó de general manager en Moneyball (Bennett Miller, 2011), de béisbol en esta ocasión, para llevar a su equipo a codearse con otros que superaban salvajemente su presupuesto y posibilidades. El triunfo de los pequeños seduce. Aunque sea con cachondeo y voluntad de ligereza, como en The Mighty Duck (Stephen Herek, 1992).

Dentro del fútbol, la gesta del equipo humilde es el hilo que vertebra los dos libros que aquí reseño. Los cisnes se centra en el equipo galés del Swansea, que pasó de estar casi desahuciado, en 2003, al filo de la última división profesional del fútbol inglés, la League Two, para encadenar una fulgurante sucesión de ascensos —League TwoLeague OneChampionshipPremier— que culminó con la consecución, diez años después, de la Copa de la Liga inglesa, en 2013. Y El milagro de Castel di Sangro sigue a un equipo de una pequeña población de Los Abruzos italianos, Castel di Sangro, de apenas cinco mil habitantes. La cadena de ascensos fue mayor, aunque se quedara en la que se corresponde con la segunda división italiana, pues lo hizo desde la última de las ligas amateurs —Terza CategoriaSeconda CategoriaPrima CategoriaCampionato PromozioneCampionati di Exccellenza Regionale, Campionato Nazionale Dilettanti, y ya en las series profesionales, C2, C1 y B—, sin títulos, pero con la sorprendente situación de que, una vez en la Serie B, para cumplir con las condiciones de la categoría, tendrían que ampliar el estadio ¡para darle más asientos que la población total de Castel di Sangro!

Como corresponde a equipos recién ascendidos —es más, repetidamente recién ascendidos—, tuvieron que codearse con presupuestos mucho más holgados, con equipos de una tradición e historia muy superior a los suyos, que se traducía en menos recursos y la necesidad de gestionar al milímetro los escasos talentos disponibles. Esa épica es la que contienen Los cisnesEl milagro de Castel di Sangro. Pero hay que advertir que son dos libros radicalmente distintos. Los cisnes es un relato modélico, la lectura que un buen aficionado a los deportes disfrutará por lo detallado y la profundidad de los análisis. Y se beneficia de una prosa muy pulcra y aseada, que sabe conjugar los tiempos para mantener la tensión y atrapar al lector. Pero si buscáramos lo mismo en El milagro de Castel di Sangro, nos llevaríamos una sonora decepción. Lo escribe un norteamericano, a pocos años del Mundial de Fútbol de USA 94, que es cuando se hizo repentinamente —y como en una epifanía— fervoroso tifosi. Un advenedizo cuyos análisis estrictamente futbolísticos son poco más que pueriles, y que en su narración es capaz de contarnos cómo advertía a Jacobi, el entrenador de Castel di Sangro, contra sus tácticas, proponiendo las suyas propias. Y encima, trata de convencernos a nosotros. El gen americano incluso trasciende cuando intenta mostrar algún burdo análisis estadístico.

Pero El milagro de Castel di Sangro tiene algo: literatura. Muchísima literatura. Los cisnes es la historia de una épica. El milagro de Castel di Sangro es inmersión total en la épica.

Entrando estrictamente en materia, y comenzando por la historia del Swansea, esta tiene un especial atractivo que justifica la publicación, en España, de un libro de más de cuatrocientas páginas que nos cuente la gesta de un pequeño equipo galés en la Premier: el especial protagonismo que tuvieron algunos españoles en el éxito del equipo, sobre todo Roberto Martínez —quien firma el prólogo—, primero jugador y después entrenador del Swansea. Pablo Gómez explica con amenidad y rigor la revolución que el juego de Martínez supuso en el fútbol de las islas, del 4-4-2 y pelotazo arriba al 4-3-3 y juego de toque —el mismo que el Barcelona y la selección española se encargarían de elevar a las más altas cotas de excelencia—, con la ayuda de algunos jugadores españoles baratos y de muy buen rendimiento, como Rangel, Orlandi y Bauzá, los pioneros en la aventura del Swansea. Pero no me gustaría dar la impresión de que Los cisnes tiene valor únicamente por lo futbolístico, ya que la historia atrapa por todas las facetas y aristas que abarca: en estos primeros capítulos el lector se introduce sin fisuras en Swansea-ciudad, en el club, en las interioridades de las ligas británicas, en los nacionalismos galeses y británicos, en todo lo que es susceptible de traernos una historia global —y dicho sea de paso, muy atractiva— que nos explique de forma clara la travesía del Swansea. Con esta facilidad para introducirnos y para explicarnos y mostrarnos a la perfección la historia, el lector asiste a lo largo de las páginas a las sucesivas temporadas de ascenso. Se explican con detalle, con sus altos y bajos, destacando la desenvoltura de los jugadores cada año —los que renuevan y los que van llegando nuevos— y los distintos entrenadores que llevaron las riendas. Se explica el juego de despachos, no se olvida de llamar la atención —cuando el hilo del discurso pide esas digresiones— sobre otros equipos, nos llena del fútbol de las Islas.

Solo un lunar: el noveno capítulo, dedicado a la temporada 2011-2012, la de la consolidación en la Premier. Pues este capítulo sigue una formulación distinta: partido a partido se muestran páginas del «diario» de Ángel Rangel, uno de los jugadores españoles originarios, con breves comentarios de Pablo Gómez al comienzo. Y el ritmo se rompe. Lo que era una narración tremendamente amena y muy bien hilvanada, son ahora, en este capítulo, golpetazos de tosco martillo hueco con las palabras del jugador, tan insulsas como —casi— todas las entrevistas a futboleros de cualquier pelaje, y que no logran el objetivo de «mostrarnos desde dentro» cómo se vive una temporada así. Afortunadamente todavía queda otro capítulo, el último, el que, una vez nos hemos embebido de la épica de un equipo modesto que sortea lo imposible para codearse con los grandes, se alcanza la increíble proeza del título con el cual adornar las vitrinas. La gesta está completa. Y el buen—ísimo— sabor de boca con el que cerramos el volumen.

El milagro de Castel di Sangro, como he avanzado, es otra cosa muy distinta. Es el relato de un norteamericano impertinente que pasó un año en estrecha convivencia con los jugadores, el entrenador y todo lo que rodeó a un equipo recién ascendido a la Serie B. Un ascenso que se calificó de milagro, y que tenía todos los visos de ser una travesía muy muy temporal. La salvezza, en un equipo de estas hechuras, era algo que podría considerarse imposible. Así que Joe McGinnis se encaminó allí a observar —y después narrar— cómo se desarrollaría aquella temporada. Es una historia muy anclada en la primera persona. Incluso la trastienda del Castel di Sangro —sus ascensos desde las ligas amateurs hasta la Serie B— recibe menos atención que el proceso por el cual McGinnis se apasionó por el fútbol en general y el Calcio y Roberto Baggio en particular. Pero termina siendo una historia tremendamente apasionante. Porque McGinnis convivió con los jugadores, en ese pueblo montañoso, perdido en Los Abruzos. Los entrenamientos, el desarrollo de los partidos, las dificultades logísticas en el estadio para alojar los partidos, etcétera, se narran a la vez que las dificultades idomáticas del periodista americano y las diversas anécdotas que se van sucediendo.

Y termina siendo un relato increíble, por lo vívido, de Castel di Sangro. Producto de este acercamiento tan personal, el entrenador, los jugadores —Bonomi, Altamura, Lotti…—, la mujer que regenta el restaurante donde comen todos —Marcella—, y un sinfín de personajes retratados, adquieren una proximidad de carne y hueso. Y ya he comentado lo pueril de sus comentarios futbolísticos —aunque, por su tremenda pericia narrativa, resultan igual de apasionantes—, pero no se puede decir lo mismo del dibujo global. El retrato de este humilde equipo se desliza a varios niveles: junto a los giocatores están Gabriele Gravina, presidente y luego patrón, y el signor Rezza, el jefazo, ambos de dudosa reputación y con conexiones con las mafias italianas. Un lado oscuro que se va desvelando a través de la narración, pues McGinnis maneja los tiempos de forma admirable, enfrascado en el personalísimo viaje que nos va descubriendo. La historia, en este sentido, trasciende con mucho a la de un sencillo equipo de fútbol, para terminar transmitiéndonos una historia de una inusitada profundidad.

Hay que reconocerlo: los norteamericanos tendrán sus imbecilidades —no me duelen prendas de definirlo así— con el deporte, pero tienen algunos periodistas deportivos que son una maravilla. Como Gay Talese o, de manera más circunstancial, John McPhee, de quien muy pronto, en otra entrada, hablaré.

Por si no he insistido lo necesario, El milagro de Castel di Sangro es una lectura magnífica, fantásticamente narrada y mejor escrita. Y todos los epítetos que se os ocurran. Los cisnes quizás reduzca su público lector potencial a los aficionados al fútbol y al deporte —a quienes se lo recomiendo muy vivamente—, pero El milagro de Castel di Sangro tiene los mimbres para encantar a casi cualquier lector, de casi cualquier pelaje. Es un imprescindible de la literatura cronística y periodística.


POSTDATA: Entre pitos y flautas, varios pedidos y alguna interacción por twitter, he tenido ocasión de tratar, aunque brevemente, con la gente de Los Libros del K.O. Y tengo que darles todo un diez, por su amabilidad y atención. No descarto reseñar en un futuro, porque me caen bien y porque los libros ciertamente lo merecen, su colección de Hooligans ilustrados o el magnífico libro de Ander Izaguirre Plomo en los bolsillos (ciclismo: ¡eso sí que es un deporte!).

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