Andre Agassi - OpenSinopsis. Siendo un bebé, le pusieron una raqueta de juguete en la mano. Desde entonces, Agassi no ha hecho otra cosa que golpear pelotas de tenis. Su padre, obsesionado en convertirlo en un astro del deporte, cosntruyó una máquina (el dragón) que disparaba 2.500 pelotas al día contra el pequeño Andre. Escrita por el premio Pulitzer J. R. Moehringer, Open es la semblanza a corazón abierto de André Agassi, que en estas memorias se muestra tal como es: un hombre que debió enfrentarse a las presiones de su familia, de la fama, pero que siempre conservó el valor de la amistad y un sentido altruista de la vida. En esta cautivadora autobiografía, Agassi revela, con sentido del humor y ternura, una vida definida por la contradicción entre un destino impuesto y el anhelo por complacer a quienes lo han sacrificado todo por él. 

Open. Memorias. Andre Agassi (en colaboración con J. R. Moehringer, trad. de Juanjo Estrella)

Duomo | septiembre 2014 | rústica con solapas | 480 pp.
ISBN: 9788415945482


Los niveles del juego - John McPheeSinopsis. Verano de 1968, aún está reciente el asesinato de Martin Luther King Jr. Mientras los conflictos raciales y la lucha por los derechos civiles agitan la vida de los Estados Unidos, en el barrio neoyorkino de Queens se disputa el primer US Open de la historia. Es un momento crucial para el deporte, en el que jugadores profesionales y amateurs se enfrentan por primera vez: el nacimiento del tenis moderno.

A un lado de la red, Arthur Ashe: afroamericano, demócrata, clase trabajadora. Del otro, Clark Graebner: blanco, republicano, clase alta. El tenis de Ashe es irregular, arriesgado, imprevisible; el de Graebner es constante, pulcro, organizado. Ambos son técnicamente insuperables, aunque solo uno se convertirá en leyenda del deporte. El otro seráolvidado. En la cumbre de sus carreras, lo único que marcará la diferencia es el carácter de su juego. El estilo refleja al hombre, la pista es la vida.

John McPhee, maestro decano del periodismo estadounidense, se sirve de este encuentro para retratar una década revolucionaria del siglo XX y construir una obra fundamental de la literatura deportiva. Como el partido y la época que dibuja, su prosa reúne golpes explosivos, dejadas imposibles, ritmos sincopados y filigranas tan arriesgadas y ajustadas a la línea como la pelota que acabará decidiendo el resultado.

Los niveles del juego. John McPhee (trad. de Carlos Cerdeña)

Dioptrías | marzo 2015 | rústica con solapas | 170 pp.
ISBN: 9788494297328


Completo esta semana deportiva, después de hablar el lunes pasado sobre la gesta futbolística de dos equipos humildes, reduciendo ahora el tamaño del balón y amarilleándolo, hasta transformarlo en una pelota de tenis. Pero que no se asusten aquellos a los que el deporte, en su mayor o menor medida, ni fu ni fa: estamos ante dos libros tremendos, que llevan el sello de dos ganadores del premio Pulitzer —J. R. Moehringer, en 2000, y John McPhee, en 1996— y que, a la vista de Open y —sobre todo— Los niveles del juego, dignifican el galardón. Uno es una de las mejores autobiografías que jamás he tenido ocasión de leer. Otro es de los mejores ejemplos —si no el mejor— que he tenido en mis manos de literatura deportiva.

Ya mencioné que cuando se trata de héroes modernos, pocos son tan sugestivos como los deportistas, al menos en el sentido de que suscitan emociones a escalas prácticamente planetarias. Pero al contrario que cuando seguimos los equipos de fútbol de Swansea, en Los cisnes, y Castel di Sangro, en El milagro de Castel di Sangro, estos dos libros tenísticos, sin dejar las gestas deportivas al lado, se centran más en una visión más reposada, más analítica y, por qué no decirlo, más madura.

De Open, las memorias de Agassi, sorprende que cuando uno tiene por primera vez el volumen, y si se fija uno con atención en la parafernalia que le rodea, la cantidad de elogiosos extractos de reseñas que pueblan la contraportada y las solapas del libro. Podría esperarse que sus páginas sean como mínimo entretenidas e incluso apasionantes, pues la vida de un campeón del tenis, varias veces número uno, ganador de ocho Grand Slams y oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta, por fuerza, con un mínimo de pericia narrativa, debería de ser atrayente. En este tenor parecen orientarse los testimonios de gente como Rosa Montero o Juan José Millás, que inciden en el carácter absorbente de sus páginas. Pero uno de los testimonios incluso bordea la hipérbole: Alessandro Baricco llega a afirmar que es «el mejor libro que he leído en la última década». ¿Para tanto da la autobiografía de Agassi —firmada por él, aunque escrita en colaboración con el premio Pulitzer J. R. Moehringer—?

Por responder con brevedad y contundencia, sí, rotundamente sí. Resulta electrizante leer una vida que es casi una novela, el apasionante dilema interior de su protagonista, un campeón de tenis que, como afirma repetidamente, detesta el tenis. Al tenis consagró su vida, desde niño, empujado por su padre. Con una sujeción férrea, que impide la formación de los gustos naturales del niño. Con esta rémora —pues Open, más que a los éxitos tenísticos, acude al interior de Agassi, a su formulación como persona— la autobiografía se convierte en un largo viaje de maduración, de tensiones, de caer y levantarse, de luchar consigo mismo, de la formación de un carácter único que seduce a todo aquel que se adentra en sus páginas. Y de aquí viene la mejor virtud del libro: disfrutarán de él tanto los aficionados al tenis o al deporte —la vida de Agassi es el tenis, y así la autobiografía se abre temporalmente con sus primeros entrenamientos y se cierra con su despedida en el Open de Estados Unidos de 2006—, como el lector exigente y curioso, pues con facilidad se dejará arrastrar por el conmovedor relato de la lucha interior de Agassi, un desnudamiento de alma y espíritu que trasciende la biografía deportiva al uso.

Si Open es un libro que ofrece más de lo que a primera vista podría parecer, el caso de Los niveles del juego es más llamativo todavía: es fácil sintetizar este librito, de apenas 170 páginas, en una morosa descripción del partido de semifinales del Open de Estados Unidos de 1968 —el primero de la historia en la Era Abierta— que enfrentó a Arthur Ashe y a Clark Graebner. Un planteamiento de lo más sencillo.

Pero el resultado es sublime. Leyendo sus páginas, estas me han recordado mucho a El ciclista, el también magnífico relato de Tim Krabbé en el cual desmenuzó el Tour del Mont Aigoual —que también reseñé aquí en divandetinta.com—, con la estupenda mezcla de la detenida descripción de la acción deportiva junto con frecuentes disgresiones en torno a lo que rodea a sus protagonistas y al deporte. La diferencia es que El ciclista es un relato en primera persona, mientras que Los niveles del juego se aborda desde la perspectiva exterior de John McPhee. Y resulta que John McPhee es uno de los mejores exponentes de la literatura periodística, y que tuvo a David Foster Wallace, entre otros, como rendido admirador.

A estas alturas, es ocioso remarcar que Los niveles del juego es mucho más que la descripción del partido jugado por Ashe y Graebner. El enfrentamiento entre ambos se convierte en una plataforma para trazar un análisis mucho más global y rico en matices y niveles. Ashe es negro, liberal. Graebner es blanco, republicano. Sus contextos familiares y educativos difieren. Al narrar —¡punto a punto, tal es la minuciosidad!— el desarrollo de aquellas semifinales, McPhee nos va haciendo una radiografía de los Estados Unidos de 1968. Saca Ashe, y desde la tribuna, su viejo entrenador mira el partido. Es el momento para acudir a la infancia de Ashe, explicar su formación como jugador, que es también su formación como persona. Graebner tiene algún error al devolver al resto, y mira encolerizado a su mujer, Carole. Aprovecha entonces McPhee para describirnos el hogar de Clark y Carole, su día a día hogareño, y sus convicciones republicanas. De esta forma es como cada página nos va introduciendo tanto en el partido como en el mundo de sus protagonistas. Y termina siendo un fresco más vívido de lo que se podría pensar en un principio. Lo mejor es que la descripción del partido, lo estrictamente deportivo, se mantiene a un mismo nivel de excelencia. Pongamos como ejemplo este fragmento:

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La Victoria alada

Los demás jugadores temen el revés de Ashe y aseguran que enviar un segundo saque en esa dirección es igual que meter la pelota directamente en la boca del cañón. A Ashe le encanta el revés porque el movimiento de continuación no hace que el brazo se pegue contra el cuerpo, sino justo lo contrario: abre ambos brazos y los eleva, de manera que termina el golpe en una posición que recuerda a la de la Victoria alada de Samotracia.

El punto que sigue, con revés, tan rigurosa y plásticamente definido, pero al mismo tiempo tan sugestivo, es eso: victorioso. La prosa de McPhee es llana, directa, pero que reverbera en sus asociaciones y en la profundidad de su análisis. Lo que debería de ser el periodismo deportivo. Porque cuando cerramos el libro, con el último punto del partido, no solo nos hemos apasionado con el intercambio de golpes entre Ashe y Graebner, sino que les hemos conocido, les hemos entendido, hemos asistido a su mundo, a sus circunstancias. Ha sido una de esas lecturas tan apasionantes como provechosas.

Recuerdo un documental de 2009, When you’re strange, de Tom Di Cillo, dedicado a The Doors, el grupo musical liderado por Jim Morrison. Según iba avanzando el visionado, me iba sintiendo algo defraudado: parecía un documental correcto, sin más. No me decía nada nuevo, nada que no supiera ya como aficionado del grupo. Pero mediado el documental, este empezó a ganar interés. Me di cuenta de que no versaba tanto sobre The Doors como sobre la época que habían vivido, sobre la significación de The Doors en el final de los desatados, bienintencionados e ingenuos años hippies de los 60, y la reinstauración setentera del conservadurismo americano. Era un documental, en tanto que sobre un grupo musical en concreto, modélico. Pero era mucho más: era el perfecto dibujo de toda una época. Eso es lo que ha hecho John McPhee en Los niveles del juego: retratar a dos personas, a una sociedad, a un mundo, mientras nos cuenta un partido.


Una reseña abreviada de Open se publicó como opinión quelibroleo

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