El escultor - McCloudSinopsis. David Smith está dispuesto a morir por su obra… literalmente. Gracias a un trato con la Muerte, este joven escultor consigue cumplir su gran deseo de la infancia: ser capaz de esculpir, únicamente con las manos, cualquier cosa que imagine. Pero ahora, con solo 200 días de vida por delante, decidir qué crear le está resultando más difícil de lo que pensaba. Y encontrar a su alma gemela en el último momento no va a hacerlo más sencillo.

Esta es la historia de un deseo llevado más allá de los límites de la razón. Es un relato sobre los torpes y frenéticos pasos del amor incipiente. También es un retrato exuberante y urbano de la ciudad más grandiosa del mundo. Pero, por encima de todo, es un canto a esos pequeños, cálidos y humanos momentos que nos ofrece la vida cotidiana…y a las enormes fuerzas que se agitan, furiosas, bajo su superficie.

Scott McCloud escribió el libro de referencia para entender cómo funciona el cómic. Ahora, se adentra en el sobrecogedor, divertido e inolvidable campo de la ficción.

El escultor. Scott McCloud (trad. de José Torralba)

Planeta Cómic | abril 2015 | cartoné con sobrecubierta | 496 pp. ISBN: 9788415866992


Cuando uno tiene un ejemplar de El escultor entre manos, se nota a simple vista de que nos encontramos ante una novela gráfica de envergadura. Es una obra de extensión considerable, de cinco centenares de páginas. En ella, una rápida hojeada basta para apreciar el detallismo del dibujo, especialmente en aquellas partes en que las viñetas se amontonan o, a la inversa, cuando un único dibujo espectacular llena toda la página. Y, además, el que conozca a McCloud, sabe que este es un nombre a tener muy en cuenta, aunque haya venido más bien de la teoría comiquera —es autor de varios libros donde desgrana los resortes de las viñetas— que de la praxis propiamente dicha.

El escultor - McCloud 1

En El escultor los temas, a priori, son tópicos y manidos: un artista —el escultor del títtulo— en horas bajas, tocando un peligroso fondo anímico que linda con la depresión y la desesperaza, a las cuales sigue una redención que en parte viene dada por una historia de amor chico-conoce-chica de esquema clásico. Hay, además, un elemento sobrenatural que hace que la narración abrace unos tonos góticos atractivos, otra fórmula de éxito que ha sido convenientemente explotada en estos últimos tiempos. Y no, no me refiero a vampiros vegetarianos que brillan como purpurina al sol. Más bien a un goticismo de raíz existencial: ¿cuánto podría dar un artista por su obra? A David, el protagonista de esta historia, le surge la oportunidad de este dilema, y la respuesta parece clara: está dispuesto a dar su vida.

Pero no es el tópico y los temas ya mil veces dados de vuelta los que destacan en El escultor, sino la soberbia construcción de la historia. Empezando por el dibujo, que plasma la decadente atmósfera neoyorkina a través de una paleta de tonos fríos en un gris ligeramente azulado —o un azul muy grisáceo—, con mucho cuidado al detalle. El grafismo de esta historia, sin ser de un virtuosismo arrebatador, se descubre muy medido y cuidado:

El escultor - McCloud 2

Y sigue con la hábil y absorbente trama que se despliega. La inmersión en El escultor desde el principio, desde que aparecen los primeros elementos extraños, es total. Su lectura constituye, gracias a esa habilidosa urdimbre de la trama, en un verdadero viaje, en uno de esos que no dejan indiferente a uno, un viaje redondo, que impresiona y que gratifica el tiempo empleado en detenerse en él. David está en horas bajas, y eso —tras un pequeño prólogo que cobrará todo su sentido hacia el final— es lo que nos muestran las primeras páginas. El ritmo es pausado, moroso, casi obsesivo, dispuesto en los espacios cerrados de una cafetería donde el protagonista malgasta los últimos dólares que le quedan entre tragos de cerveza y whisky. Un tío abuelo de David, Harry, hace acto de presencia, y con él como interlocutor nos vamos enterando de las circunstancias que tienen a David donde está.

Pero Harry es algo más. Con él surge lo sobrenatural en una historia que parecía encaminada a una indagación psicológica de corte costumbrista, un cómic del tipo slice of life que con tanto éxito han cultivado autores como Frederik Peeters, Craig Thompson o Manu Larcenet. Estos fogonazos fantásticos e irracionales se van introduciendo en forma de pequeños golpes, de una forma tan medida, que la inmersión en El escultor, como ya he mencionado, es progresiva y total. Aún no nos hemos recuperado de la resaca de Harry, cuando, también de forma sobrenatural, hace aparición ella, con alas de ángel y en el momento más crítico para David. Los cimientos están montados. Pocas veces he visto un planteamiento de una historia que —de una manera natural y sin ninguna impresión de ser forzado— fuerce al lector a recolocar su postura en la butaca, cada vez más atrapado por las páginas de la novela gráfica que se ha dispuesto a empezar, y que ahora sabe que le va a acompañar durante un buen rato de concentración absoluta.

Pero las historias no son planteamiento, sino que también constan de nudo y desenlace. Los cimientos están sentados, y ahora Scott McCloud puede desplegar sin trabas —¡en casi quinientas páginas!— los grandes temas sobre los que sobrevuela El escultor: la búsqueda de uno mismo, la expresión personal y  la redención a través del arte, el amor y la vida. Aunque, si entendemos el «arte» como «expresión personal» y «conocimiento de uno mismo», quizás el tema capital sobre el que gravita esta historia es solo uno: la redención a través del arte, el amor y la vida.

El escultor - McCloud 3

En el nudo está la relación amorosa de David —de corte pagafantística en sus inicios—, y el agotamiento de su trato con la muerte, que ha puesto fecha de caducidad a los días que tiene por vivir para concluir su obra. Esta fecha de caducidad es uno de los mayores aciertos narrativos de la novela. Esa redención que sigue a la búsqueda de uno mismo y al encuentro de la comunión amorosa con el otro, tiene los plazos fijados. Como nos sucede a todos, en realidad, pues todos tenemos un plazo limitado para apresar al máximo nuestros días —excepto algunos vampiros vegetarianos que brillan al sol y que tienen toda la eternidad para ir al instituto—, con lo que la historia de David puede transformarse en la historia de todos nosotros, de nuestra relación con la mortalidad y lo que queremos ser en el poco tiempo que disfrutamos de prestado. En última instancia, este elemento fantástico que introduce McCloud no es más que un recurso para extremar la significación de los temas centrales.

Quizás el comienzo de El escultor no era engañoso, y sí nos encontramos ante un slice of life de pleno derecho, unos retazos de realidad, una obra artística que trata del mundo tangible que nos rodea, de la condición mortal del ser humano, de todo aquello que nos es cercano. No puedo evitar, sin embargo, tener cierta aprensión por lo que pudo ser esta novela gráfica. La última parte de El escultor, aunque inquietante, no honra el poderoso inicio de la historia, y el resultado final es algo irregular, sin que los tópicos hayan sido sorteados del todo —y tampoco ayuda la un tanto ridícula expresión artística de las esculturas de David—, pero aún así basta todo lo ya apuntado para recomendar encarecidamente esta historia. Acomódense en sus butacas.

El escultor - McCloud 4


Una reseña abreviada de este libro se publicó como opinión quelibroleo

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