El Paraíso Perdido - AuladellSinopsis. El paraíso perdido, la célebre obra maestra de John Milton, es uno de los principales poemas épicos de la literatura universal, en la línea de las dos grandes epopeyas homéricas o la Divina Comedia. Su autor, John Milton (1608-1674), acaso el último de los grandes poetas barrocos ingleses, compuso un largo poema narrativo en doce cantos o libros (los mismos que tenía la Eneida) cuando ya se había quedado ciego, lo que lo emparentaba todavía más con Homero.

Como es bien sabido, la obra pone en juego la historia paralela de una doble caída, la de Satán (a quien la ira divina precipitará a los abismos más alejados del Cielo, a las dolientes profundidades sobre las que el ángel caído reinará por toda la eternidad, herido en su orgullo y tramando una venganza sin fin) y la de Adán y Eva (que se verán expulsados del Paraíso terrenal y arrojados a la mortalidad, a un mundo habitado ya por la ruina, la finitud y el pecado).

Así, el ángel rebelde provoca la perdición de la nueva criatura (que habrá de llevar siempre en sí esa doble naturaleza, angélica e infernal) y abre un nuevo tablero de juego para su eterna disputa con Dios.

La adaptación que realiza Pablo Auladell es impresionante en todos los sentidos: tanto por el pulso narrativo que demuestra al verter en viñetas el largo poema de Milton, como en el apartado puramente gráfico (que sabe articular lo evocador, lo grácil, lo grotesco, todos los tonos celestes e infernales de la obra). Auladell sabe honorar el acierto de Milton a la hora de presentar a un Satán que, aunque caído y maldito, en su orgullo y en su rebeldía, no ha perdido la dignidad.

Pablo Auladell. El paraíso perdido de John Milton

Sexto Piso | enero 2015 | cartoné | 320 pp. ISBN: 9788415601937


Hay proyectos que llaman la atención por lo ambicioso de su gestación y ejecución. Proyectos de esos que ponen los dientes largos, y que hacen cruzar los dedos con la esperanza de que el resultado responda a todo lo que el planteamiento aspira. Es el caso de la novelización en formato gráfico que Pablo Auladell hizo de El paraíso perdido, el monumental poema de John Milton, donde fueron varios los avatares por los cuales discurrió el proceso de esta obra. Surgió de un sorprendente encargo, en 2010, por parte de la editorial Huacanamo. Para ellos Auladell solo llegó a completar la primera de sus partes, arrinconando acto seguido el proyecto, pero este se retomó dos años después, por encargo de la editorial Minos, y a lo largo de otros tres años Auladell plasmó los tres capítulos restantes. Hoy, cinco años después de la gestación de El paraíso perdido de John Milton, nos lo trae Sexto Piso en una edición de esas que gusta tocar, palpar y admirar.

El Paraíso Perdido - Auladell 1

Este proceso dilatado en el tiempo tiene dos consecuencias manifiestas: por un lado, la garantía de que es una obra que ha tenido largo tiempo de ser cuidada y meditada; y por el otro, en lo que podría ser un defecto, una disparidad manifiesta en la tónica de este primer capítulo respecto a los tres siguientes, cuando el arte del ilustrador sufre los cambios naturales del tiempo y la experiencia. Aunque ese primer capítulo se retocó algo posteriormente, para uniformar estilos y colores, es palpable la evolución que lleva desde las primeras páginas a la última. Algo que, como digo, puede entenderse como un defecto, pero también algo enriquecedor: no solo la obra vive autónoma como realización en sí, sino que a través de ella se intuye el proceso vital de quien nos transmite su quehacer, el autor.

Este primer capítulo, sin embargo —y es que todo hay que decirlo—, fue el gran culpable de que si hiciéramos una gráfica de mis expectativas y mis impresiones en torno a la obra, desde que abrí su primera página hasta que cerré la última, esta tendría la forma de una parábola invertida, o de valle. Nada más tenerlo entre mis manos, las expectativas fueron altísimas, al notar al tacto una magnífica edición de Sexto Piso, hermosa, cuidada, de papel grueso y brillante que destacaba primorosamente quehacer pictórico de Pablo Auladell, pues su fuerza entra rápidamente por los ojos. Pero, al empezar a leerlo, estas expectativas bajaron considerablemente ante lo que entendí como algunas torpezas de dibujo, muy manifiestas, sobre todo, en las manos u otros detalles que requieren de la minuciosidad del pincel. Auladell capta la magnificencia de Lucifer, y más todavía de los paisajes por los que discurre su caída, pero en el dibujo de la forma humana hay toques feístas que alejaban la propia visión que yo mismo me había formado de él, el más hermoso de los ángeles, desde la lejana —en mi adolescencia— lectura del original de Milton. Ciertas desproporciones se me hacían inadmisibles.

Pero a medida que la lectura fue avanzando, las expectativas intuidas en un principio se fueron recuperando y colmando. Los difuminados, la grandiosidad —y desolación— de los mundos del Paraíso perdido, la sugerente capacidad de evocación que tienen todas sus páginas, de un delicado y entusiasta dibujo de perfil renacentista, todo se aúna para una experiencia muy gratificante. Ese cierto feísmo se descubre en realidad muy medido, al servicio de una obra redonda, que refleja en toda su fuerza y fascinación la obra de John Milton.

Más allá del dibujo, obviamente no nos encontramos ante una novela gráfica al uso. Aunque se toma lo más narrativo de El paraíso perdido —que lo tiene, y mucho—, esta es una obra esencialmente poética, y en relación a ello ha logrado Auladell el mejor de los logros: porque ha mantenido prácticamente incólume esos rasgos poéticos de la obra original. Pintura, narrativa, poesía; El paraíso perdido de John Milton es una obra de arte que nos regala una experiencia total. La doble caída —la del ángel rebelde y la del hombre— se esboza como un sentimiento, como una celosía desde la cual se aperciben las pasiones y anhelos humanos.

Dice Pablo Auladell, al cerrar el breve texto con el cual introduce la obra, que «sigue vivo en mí un sentimiento que expresó certeramente el ilustrador Józef Wilkoń: solo ahora que he terminado de dibujarlo, me siento de veras preparado para comenzar a dibujar El paraíso perdido». Un rasgo a priori de modestia, como si el resultado no fuera el que él realmente hubiera querido. Pero la verdadera lectura es otra: que Pablo Auladell creció con este proyecto al tiempo que lo vivió intensamente. Nos queda a nosotros el turno de perdernos en él, de extraer todo el goce estético que emana una obra para la cual su autor estuvo plenamente volcado.

El Paraíso Perdido - Auladell 2


Una reseña abreviada de este libro se publicó como opinión quelibroleo

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