Palais de Justice - ValenteSinopsis. Aunque centrado en el trabajo poético, José Ángel Valente mostró siempre especial interés por la prosa narrativa, de la que son ejemplos, en su obra, libros como El fin de la edad de plata (1973) o Nueve enunciaciones (1982). Inédita quedó, sin embargo, una «nouvelle» que, por sus especiales características, sólo en este momento ha podido ver la luz. Una atmósfera kafkiana, de carácter marcadamente autobiográfico, pero también con no pocos elementos de la más libre ficción, se convierte en el verdadero protagonista de un relato —escribe Andrés Sánchez Robayna— «a menudo angustioso y opresivo, no exento en ocasiones de ribetes de delirio y absurdo, todo ello sobre el fondo doloroso de una experiencia de desgarramiento interior y de no velada crítica al mundo de las instituciones sociales». El propio autor, en su Diario anónimo, había escrito por su parte: «Palais de Justice: Sucesión de actos de la memoria. Lo vivido, incluso lo inmediatamente vivido, reaparece con el espesor de los sueños». El lector accede aquí a una narración apasionante, violenta y descarnada, sin duda una de las piezas más hondas y representativas de José Ángel Valente.

Palais de Justice. José Ángel Valente (ed. y pról. de Andrés Sánchez Robayna)

Galaxia Gutenberg | septiembre 2014 | cartoné con sobrecubierta | 98 pp.
ISBN: 9788416072422


Quiero empezar esta reseña con un aserto casi categórico: Palais de Justice es, probablemente, el mejor libro que he leído en lo que va de 2015. Me sorprende que la repercusión que ha tenido no vaya más allá de lo estrictamente necesario, cuando hablamos de un texto inédito y rescatado de José Ángel Valente, ya merecidamente ganado —¡hace décadas!— su lugar entre los grandes de la literatura española del siglo XX. Palais de Justice se ha difundido, ha tenido sus notas de prensa, su salida ha sido saludada en varios diarios de tirada nacional… pero aún ha sido escasamente abordado. No tardará en serlo, y en muchos casos a niveles académicos. Es una obra de amplio calado.

El juego entre géneros, y lo indefinido de su adscripción es lo primero que resalta en Palais de Justice, junto a un muy pulido estilo poético. ¿Novela? ¿Memorias? ¿Poesía en prosa? Este texto de Valente cae en todas las categorías anteriores, y sale de los márgenes de todas ellas. En esencia, se trata de una recapitulación —un ajuste de cuentas— del proceso de divorcio que en la década de 1984 le separó de su primera mujer, Emilia Palomo. Una revisión de aquel proceso en tonos acres y resentidos, que es lo que justificó que el texto —quitando algunos fragmentos aislados— haya permanecido, por expreso deseo del autor, inédito hasta la muerte de su ex-mujer. Palais de Justice, por tanto —el nombre alude a los juzgados donde se dirimió el divorcio, en París, donde el autor mantenía su residencia—, es una escritura prácticamente contemporánea a lo narrado, aunque su salida al público no se haya producido hasta tres décadas después. Y es una escritura contemporánea a una lectura en profundidad, por parte del autor, de Kafka, pues sus cuadernos de entonces están llenos de anotaciones sobre El proceso, lo que establece —por todas sus semejanzas—, una ligazón clara entre ambas obras y autores.

Pero Palais de Justice es Valente, no Kafka. Y se nota en lo poético. No tanto por el lenguaje desplegado —que también—, sino por el apabullante predominio de la subjetividad individual. El proceso de Valente no es el alienante Proceso kafkiano del individuo arrojado a un mundo incomprensible, sino un proceso por el cual un hombre, Valente, es incapaz de hallar asidero en una lógica común, en un océano de tiburones y criaturas extrañas donde, mutatis mutandis, él es la criatura extraña. Palais de Justice es un canto de desesperación, de la imposibilidad de afirmarse uno mismo. Las preguntas claves que se hace Valente son: ¿qué le ha llevado a esta situación irreversible? ¿quién es él en ese sinsentido que está desplegándose? Y aquí entra en juego el principal rasgo diferenciador frente a Kafka: la presencia de esa incómoda mirada del otro sartriana, tan propia de su generación. Cuando Valente habla del banco enemigo en la sala de los juzgados, de esos abogados y testigos aportados por su mujer, los llama, lacónicamente —las descalificaciones vendrán en otros lugares del texto—, «la parte adversa». Pero, y aquí viene toda la desazón existencialista, él no es él, él es «la parte adversa de la parte adversa». ¿Hasta qué punto el proceso, los juicios de los demás, le definen a sí mismo? No es él mismo sin la subjetividad del otro, ni puede estar seguro de la suya propia.

De ahí el casi inevitable juego de géneros, que se amplifica con el vaivén de puntos de vista, perspectivas, tiempos verbales y personas gramaticales. Se trata de una indagación sobre la propia identidad que no mantiene un asidero de seguridad, que requiere de los múltiples fogonazos de flashes que solo aspiran a raspar, siquiera superficialmente, una identidad sumida en el desconcierto. En esta búsqueda, el lenguaje poético y asociativo, en una especie de sinestesia conceptual, cobra todo su sentido. Voces que claman, paralelismos, un lenguaje tan atosigado y tartamudeante como sentencioso y pleno de cadencias se aúnan con esos símbolos que se van construyendo a lo largo de las páginas —el espejo, el niño, el padre— y que se esfuerzan en apresar una realidad, en esencia, inasible.

Porque la realidad es incomprensible, el proceso es incomprensible, el otro es incomprensible. Y si el otro es incomprensible, uno también lo es. ¿Cómo puede verse uno? Quizás, ficcionalizando, re-construyendo la realidad y la identidad.

Entonces no sabía aún que el infierno es la imagen de mí que me da el otro cuando ya me ha inculpado.

Llegados a este punto, es inevitable asumir que Palais de Justice es una obra del desasosiego, de la vitalidad ahíta. Pero es un ejercicio poético de altos vuelos. Estéticamente, una verdadera maravilla. Valente sobrecoge, transmite, nos traslada a la perfección su vaivén emocional. Palais de Justice se puede leer perfectamente sin demasiado conocimiento de sus propias circunstancias cuando el divorcio, por no decir ningún conocimiento. Es el grito ahogado de una persona sobrepasada, incapaz de encontrar el terreno sobre el cual pisar firme, de entender y entenderse. Pero es el testamento de uno de los mejores poetas que han dado las letras hispánicas en el siglo XX.

Y finalmente, hablando desde una perspectiva más mundana y material, me encanta que sea Galaxia Gutenberg la que se haya encargado de traernos este texto póstumo. La delicadeza y el poderío de la prosa de Valente piden una trabajo límpido y elegante. Galaxia Gutenberg lo hace con edición —y breve prólogo introductorio, que se agradece— de Andrés Sánchez Robayna y un libro bello, en cartoné, en la cuidada línea de su colección.

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