Modelos animales - Aixa de la CruzSinopsis. Una dramaturga desarrolla una obsesión enfermiza con la actriz que interpreta el papel principal de su obra. Una joven da a luz a un niño que sólo acepta la leche en polvo si está diluida en sangre. Un viaje en tren se desdobla en dos mundos paralelos. Un grupo de adolescentes gasta bromas por internet hasta que el juego se les va de las manos. El spin off de la historia narrada por Leonard Cohen en Famous Blue Raincoat se despliega en un desierto de caravanas y serpientes de cascabel. Un joven con trastorno alimentario y adicto a los gimnasios tantea sus límites. La cantante de una banda de metal descubre que su mayor éxito ha sido utilizado para torturar a detenidos en incomunicación.

En Modelos animales, la violencia irrumpe de manera inesperada en contextos que no deberían augurarla, o es ejercida por personajes de quienes no se espera. Cualquier escenario cotidiano se revela potencialmente ajeno y peligroso, porque la línea entre la razón y la cordura, entre lo familiar y lo extraño, es siempre menos sólida de lo que imaginamos. Aixa de la Cruz nos lo recuerda con este conjunto de relatos que son también una constatación de estilo y talento narrativo.

Modelos animales. Aixa de la Cruz

Salto de Página | marzo de 2015 | rústica con sobrecubierta | 144 pp.
ISBN: 9788416148172


No es Modelos animales el tipo de lectura a por el cual tiraría a priori. Autora relativamente poco fogueada, e incluso más joven que yo. Yo, que suelo ser de tótems consagrados, aunque de cuando en cuando me gusta darme un respiro y otear el panorama. Pero Modelos animales es de esos libros que se me hicieron atractivos a primera vista: sinopsis llamativa, una portada deliciosa —reconozcámoslos: cuando se trata de ese preciado bien que es el libro, de entrada podemos ser tan superficiales…— y unas cuantas de reseñas muy positivas que espolearon aún más mi interés. Sobre todo una en Granite & Rainbow que firmó Ainize Salaberri. Y es que del buen gusto de G&R podemos fiarnos sin reservas. Pero como todo buen hijo de vecino, tengo mis propias impresiones, para quien quiera leerlas.

Empezando por el hecho de que Aixa de la Cruz se orea como un vientecillo de renovada frescura: da gusto leer una prosa con más que evidentes resortes literarios. Esos resortes que por norma general son veleidades. Un estilo que se mueve entre la voluntad poética y preciosista y otra más realista, contemporánea, del día a día, sin obcecarse en ninguno y siendo los dos. Aixa es una chica que se mueve en la veintena larga, con ese bonito patito delante, y se nota. Pero cuando el estilo refleja madurez y cimientos sólidos, que se note no hace más que infundir el atrevimiento de la dorada juventud.

Cualquiera le dice a Sánchez Ferlosio o a Marsé que mezclen a Polidori y True Blood en el mismo párrafo.

Pero contemos un poco el libro, que aquí hemos venido a hablar de su libro. Un libro de relatos. La mayoría de las reseñas que pude leer antes de decidirme por Modelos animales incidían en la violencia y en las pasiones obsesivas y los relatos aquí reunidos tienen mucho de eso. Pero es quizás lo que más me ha defraudado respecto a lo que leí sobre Modelos animales y lo que leí en Modelos animales. Porque es cierto que se despliega la virulencia de algunas pasiones humanas, tanto a lo grande como en esos golpetazos subterráneos de pecho que pugnan por aflorar, y que inquietan por lo humano, demasiado humano, para nuestra vergüenza o nuestro morboso deleite. Pero esta violencia, más que un estallido existencial, es una necesidad forzada de aullar un tipo de visceralidad que establezca una complicidad entre escritora y lector, una especie de codazo, «¿has visto?». No es la violencia, aunque desde luego sea muy característica de esta colección de relatos, lo que hace de Modelos animales un más que estimable ejercicio literario.

Quizás sea «Doble», el tercero de los relatos, el que mejor ejemplifique lo que quiero expresar. Es una historia a dos columnas, calcadas la izquierda de la derecha, hasta que una elección banal, como el camino que ha de seguir el taxi que lleve a la protagonista al aeropuerto, modifica sustancialmente el desarrollo de los eventos posteriores. O no, porque una de las líneas fundamentales del relato es la inevitabilidad, el análisis de una serie de complejos humanos cuyo devenir parece atado en cierta manera al ADN y a la historia sentimental escrita en la piel. Da igual que los mundos paralelos diverjan, porque el fatum contiene, como los ríos, el caudal que deshace los meandros que modifican su trayectoria, volviendo impenitente a su desembocadura. El desarrollo de «Doble» es impecable, y logra transmitir ese juego de espejos que deduplican los sentimientos encontrados; pero esos sentimientos y esa violencia son, por decirlo de manera suave, adolescentes. Lo que en última instancia es un elogio de no poca entidad para Aixa: la construcción e urdimbre del relato me engancharon como si no cojeara de ningún pie.

En esa frescura que trata de experimentar, de descubrir caminos no trillados —o, al menos, no tan trillados— en la búsqueda de un estilo cuyos resortes sortea con más que evidentes aciertos, reside lo mejor de Aixa de la Cruz. Acude con frecuencia a la polifonía, a la contraposición de textos —asépticos unos, encendidos y literarios los otros— y a la referencialidad, y lo que podrían ser torpes tanteos son aquí armazones perfectamente trabadas, en ocasiones logrando una atmósfera nada desdeñable —como el fantástico «True Milk»—, y en otras consiguiendo para los personajes una caracterización a la cual no hay nada que reprochar —conjugando fatalismo, humorismo y pequeñeces de esas que hacen interesante al individuo más gris, como sucede en la coheniana «Famous Blue Raincoat»—.

Pienso seguir a Aixa de la Cruz con muchísima atención. En la clásica distinción del —libro como— signo, provisto de significante y significado, el significado aún tiene que alcanzar una madurez que visto lo visto no ha de tardar en llegar; y tendrá que llegar porque ese significante, esa forma que da molde al contenido, tiene todos los mimbres para depararnos unas alegrías de entidad.

¡Ah! Si vamos a lo banal, eso que no tiene que ser banal, son los relatos de Modelos animales muy entretenidos y de grata lectura, pese a esa voluntad tan eminentemente literaria. En otras palabras, que Modelos animales es una recomendación servida de cabeza.

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