la-importancia-del-negro-aSinopsis. Gregario es un testimonio fascinante, honesto y duro del verdadero mundo del ciclismo profesional: el auténtico, el de los hoteles de mala muerte, el de los salarios bajos y la incertidumbre laboral, el de las caídas a toda velocidad que hacen peligrar toda una carrera, el de los dilemas del que sabe que nunca llegará a destacar y cuyo nombre no pasará a las historia. Pero, sobre todo, esta autobiografía es un canto formidable al sueño de un hombre: el de un ciclista de pura cepa que nunca se dopó —cuando muchos otros de su entorno sí lo hacían— y que llevó su cuerpo más allá del límite del dolor, sacrificando toda una juventud para poder ver hecho realidad su sueño de infancia, cuando, de niño, estudiaba fascinado los mapas del sur de Francia por donde se corría el Tour.

Gregario. Charly Wegelius (en colaboración con Tom Southam, trad. de Roberto Falcó)

Contra | junio 2016 | rústica con solapas | 296 pp.
ISBN: 9788494403385


la-importancia-del-negro-bSinopsis. Considerado como una de las figuras más extraordinarias de la historia del fútbol, su estilo futbolístico y su filosofía han influido en entrenadores y jugadores de la talla de Pep Guardiola, Arsène Wenger, Eric Cantona y Xavi. Los recientes éxitos del fútbol español, tanto a nivel de club como a nivel internacional, han sido considerados por muchos como el evidente resultado del impacto de Cruyff en el fútbol contemporáneo. 14. La autobiografía, de Johan Cruyff, cuenta la historia personal y profesional de Cruyff, y nos revela la filosofía que definió su juego y que tanto ha marcado a generaciones de futbolistas, entrenadores y seguidores.

14. La autobiografía. Johan Cruyff (en colaboración con Jaap de Groot, trad. de Enrique Bernárdez Sanchís)

Planeta | octubre 2016 | cartoné con sobrecubierta | 336 pp.
ISBN: 9788408161592


Estas son dos autobiografías muy desiguales. E intuyo que en el resultado final tiene una importancia capital la mano oscura, la del negro, la que en última instancia termina de dar forma al texto. Una mano que conlleva, como con Peter Parker y sus telarañas, una gran responsabilidad. Nada mejor que la autobiografía de Agassi, de la cual ya hablé aquí, para ejemplificarlo: es J. R. Moehringer el que hace de ella una obra redonda, absolutamente deliciosa. Tom Southam, para Wegelius, realiza un trabajo modélico, mientras que Jaap de Groot, con Cruyff, asesina al tío Ben.

Más allá de que ambos traigan a la palestra la vida de una personalidad deportiva, Gregario y 14. La autobiografía tienen muy poco en común. Uno se ancla en el ciclismo, otro en el fútbol. Uno nos trae a un corredor humilde, mientras que el otro es el legado de una figura de primer orden en su deporte. Uno extiende su interés más allá de los reducidos límites de la afición a las dos ruedas, mientras que el otro no reviste interés alguno más que para el aficionado a la pelota de pentágonos negros y blancos. Uno parece escrito en estrecha colaboración con el negro, mientras que en el otro se intuye que el negro no pinchó más que un taquígrafo. Así que uno exhibe orgulloso a su negro —como Agassi, aunque Moehringer quisiera cederle todo el protagonismo, y Agassi lo compensara en un texto introductorio— y el otro lo esconde tanto que hay que hacer alguna búsqueda por internet para descubrir que se llama Jaap, como si flotara la vergüenza de que pudiera confundirse con un chiste de Cruz y Raya.

Y me gustaría pensar también que ambos tienen en cuenta el público objetivo, el del ciclista, más minoritario pero bien formado, y el futbolero, desorbitado y con un amplio porcentaje de horteras y ronceros. Pero eso ya sería un ataque gratuito, y hay futboleros inteligentes que no me gustaría que se dieran por aludidos. Supongo.

La (auto)biografía de deportistas es, ciertamente, un subgénero particular. En realidad, lo que interesa del personaje puede reducirse a unas pocas décadas de su vida, y solo circunstancias excepcionales extienden su interés más allá de esos años en los que se desarrolló el juego que les hizo ganar notoriedad. Construir una autobiografía con esa limiración implica un cuidadoso despliegue de estructura y de disposición de elementos de modo tal que haya cierta tensión narrativa que se sostenga a lo largo de sus páginas. Un artificio tan eficaz como recurrente es el que enhebra Gregario, donde un momento cumbre —o especialmente significativo— es narrado al principio para asentar un tono que ha de calibrar el resto, dotándole de significación. Es el mismo procedimiento por el que se abre la autobiografía de Agassi o, por recuperar un ejemplo también del ciclismo, la de Laurent Fignon, Éramos jóvenes e inconscientes. En el caso de Gregario, este momento es tan significativo como humilde: el momento en el que dio el salto al ciclismo profesional. Y es que la historio de Wegelius no es la historia de un héroe o de un fracasado, sino la de un ciclista que se prodiga en la misma medida que es ignorado: la del gregario, la del ciclista cuya función es trabajar para el líder del equipo. Dispuesta de forma cronológica tras el comienzo in media res, el relato de Wegelius —y Southam— se eleva como una historia bien hilvanada de sacrificio, alegrías y sinsabores. Es la historia de Wegelius, que es la historia de todos los gregarios. Una pátina universal que es lo que hace de esta autobiografía algo tan valioso: su capacidad de comunicación, de hacernos entender una realidad, sin reducirse la mera exposición concatenada de diversos acontecimientos vitales o deportivos. Una historia que, además, hace vibrar, guste o no guste el ciclismo.

Para Cruyff, por el contrario, se ha malogrado la oportunidad de dejar un legado contundente tanto de su significación como de ese fútbol preciosista y posicional, al toque, que tanto ha influido —aunque sea de forma desigual— en el fútbol moderno y en el éxito de instituciones como el Barça, la selección española o el Bayern de Munich. Su autobiografía no está en absoluto a la altura del nombre que viste su portada. Su comienzo es anodino, pero resulta que además de un estilo a ratos confuso, donde no se aprecia el cuidado de un andamiaje que trate de contar una historia, justo a la mitad del libro se acaba su periplo como entrenador del Barcelona, el fin de su carrera. Es quizás lo más sangrante. Por muy importante que haya sido la figura del holandés, su vida recorre dos etapas fundamentales que deberían llenar su autobiografía casi al completo: la del Cruyff jugador, y la del Cruyff entrenador. ¿Cómo es posible que se despachen ambas en medio libro? Quizás su historia pudiera vertebrarse a través del Fútbol Total —así, con mayúsculas, siguiendo sus páginas—, pero es que tampoco sirve como ligazón del libro entero. Eso hace que pasajes como los problemas de la directiva del Ajax, cuando Cruyff ya estaba retirado, los que se ocupan de Jordi Cruyff o los constantes incisos hagiográficos ligados a la labor de la Fundación ocupen un papel tan central como la propia carrera del Flaco. Si a ello le añadimos la redacción torpe o la necesidad machacona de justificar sus desencuentros con diversas personalidades —pero sin la sal de los ataques directos e inteligentes— al final estamos ante una autobiografía tan aburrida que no cuenta nada más que una mera exposición concatenada de diversos acontecimientos vitales o deportivos, con alguna que otra disquisición sobre Fútbol Total o la formación de jóvenes. De tal forma que 14. La autobiografía solo puede recomendarse a interesados genuinos por la figura Cruyff.

Si Cruyff hubiera tenido un negro en condiciones, preocupado por entrelazar una historia en condiciones, una historia de verdad, tenía una mina. Pero no. Damn!, que diría Gordon Ramsay al ver el mejunje, tan mal cocinado.

Eso sí, Planeta se ha apuntado una autobiografía que se vende por sí sola, mientras que Contra ha tenido que encontrar un texto que gane adeptos. Wegelius no llama por su cara bonita, y hay que esperar a que sea recomendado —yo lo hago, y mucho— o a que se le acerque la gente que —como yo— confía en el criterio de selección de la editorial.

Y junto a la oportunidad de la figura de Cruyff, hay que reconocerle a Planeta que se ha lucido con la presentación del libro en esta ocasión, ricamente encuadernado en cartoné con sobrecubierta, de un naranja tan vibrante y eléctrico y que aún reluce más ante el carisma, en blanco y negro, del Cruyff de la portada. Uno a veces es tan superficial que reconoce haber comprado el libro solo por su apariencia física —y en menor medida por ver lo que el mejor jugador europeo de fútbol de la historia tenía que decir—, y que con todo lo malo que ha resultado ser, vuelvo a recogerlo en mis manos y lo remiro y lo recoloco, pues me encanta ver cómo adorna mi estantería. Aunque sea un pestiño.

Qué simples somos.

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